San Valentín o la idealización del amor

San Valentín o la idealización del amor

Se acerca una fecha que crea reacciones dispares. San Valentín puede asociarse a la cursilería, a la demostración de amor más romántica, o a la comercialización del sentimiento. El enamoramiento tiene un componente químico importante. Es un proceso que altera varias sustancias químicas en el cerebro: la norepinefrina, la dopamina o la feniletilamina. Estos cambios producen un mayor grado de excitación, generando taquicardia, enrojecimiento, insomnio, palpitaciones, escalofríos y cosquilleos en el estómago (lo que llamamos mariposas en el estomago). Se generan reacciones similares a las que tenemos con la adicción a sustancias psicoestimulantes. Esto explica la sensación que sentimos de dependencia y necesidad, incluso física, de estar junto al otro y mantener el vínculo.

 

Cuando nos enamoramos es inevitable idealizar a la otra persona, es una necesidad imprescindible para tener energía para conocerla y crear una relación. La capacidad para distorsionar la visión del otro en el inicio de la relación, se refleja bien en la conocida expresión del amor es ciego. De esta forma amplificamos aquellos aspectos positivos del otro, disminuyendo aquellos que consideramos negativos. Ese proceso de idealización está acotado en el tiempo. Cuando las reacciones químicas disminuyen empezamos a ver las características del otro de forma más realista. Durante este transcurso disminuye nuestra capacidad de atención, y concentración, lo que resulta insostenible en el tiempo. Mantenemos toda nuestra atención focalizada en el ser amado. Lo que antes nos era invisible o nos atraía se convierte en algo que nos molesta o nos genera rechazo. La realidad deja de tener elementos añadidos por nosotros de forma inconsciente. Para evitar que este proceso nos juegue malas pasadas, podemos:

 

  • Tener un buen autoconocimiento, conocer nuestros valores, estilo de apego, aficiones, proyecto de vida, nos puede ayudar a elegir las personas y relaciones más adecuadas para que sean valiosas en nuestra vida.

 

  • Ajustar las expectativas para que no se disparen de la realidad. Tenemos que observar más a la persona de fuera y hacer menos caso a las construcciones internas. Estas tienden a distorsionar la realidad y puede resultar muy difícil distinguir ambas.

 

  • Entender que el otro es una persona con limitaciones y características más o menos positivas, con conductas cambiantes, y que no siempre nos mostramos de la misma forma, ni tenemos el mismo ánimo. La auto-aceptación es un buen ejercicio para lograrlo, potenciara nuestra autoestima y nos permitirá unas relaciones de mejor calidad.

 

  • Aprender a amar incondicionalmente. Esta tarea no es sencilla pero podemos empezar a hacerlo hacia nosotros mismos. La capacidad para tolerar la diferencia, aceptar la rutina y apostar por el compromiso puede llevar a mantener una relación real y de calidad, una vez que la química deje de acompañarnos.

 

  • Mostrarnos como somos. En la medida en que seamos honestos y sinceros podremos presentarnos con naturalidad y seguridad. Es normal dar nuestra mejor cara, pero si es cercana a la realidad nos asegurara que no habrá una gran frustración cuando la química descienda.

 

  • Ser consciente de en qué punto de nuestra vida estamos, el nivel de compromiso, las perspectivas de futuro, la motivación por compartir nos ayudara a decidir qué tipo de relación queremos y qué estamos dispuestos a ofrecer.

 

  • Por último, disfruta!. Esos primeros momentos de la relación son únicos además de intensos. Vívelos y deja que se vayan cuando toque.

 

 

(c) Ángela Santos